Jueves, 18 de Agosto de 2005 - Sant'Elena, imperatrice  

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El belén de San Francisco de Asís
EL BELÉN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

EL BELÉN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Después del capítulo general de Pentecostés de 1223 Francisco de Asís se dirigió a Papa Onorio III pidiendole dos cosas. La respuesta afirmativa para ambas hará la historia de la espiritualidad y religiosidad popular y del arte del Occidente cristiano también (1). Antes de todo presentó al Papa el texto definitivo de la Regla que él había de aprobar, preparado durante el dicho capítulo; una aprobación que se concederá el 29 de Noviembre y que permitirá a Francisco y a los frailes de obrar, además que con la gracia divina con la autoridad del pontífice también. La segunda petición concernía la aprobación de la celebración solemne que Francisco “egregius artifex” y “liber ingenio” (2) iba a poner en escena durante el día de Navidad. Entre los biógrafos de Francisco, sólo Bonaventura de Bagnoregio trasmite noticias de la segunda (3).


ONORIO III APROBÓ EL “BELÉN” DE GRECCIO

Si Francisco sintió la necesitad de informar al Pontífice y de pedirle la aprobación para la celebración de la Navidad que iba a hacer, eso quiere decir que esta iniciativa no consistía sólo en la representación de la escena de Navidad en el sentido nuevo por completo de componer las figuras plásticas de los protagonistas del episodio del Evangelio, como las que se vieron en esculturas y pinturas, existentes desde el paleocristiano.(4)
En 1207 Inocencio III había criticado las degeneraciones en el drama liturgico del “Officium pastorum”, denunciando la presencia de personas indignas , maneras y estilos excesivamente teatrales (5). Críticas difundidas que llegaban probablemente de los versados en liturgia y de movimientos rigorístas, le habían estimulado a intervenir. Mas a Francisco no le desagradaba traducir en drama ni imagenes evangelicas ni rítos liturgicos; a condición de que el espectáculo no mortificase la devoción (6). En el capítulo sobredicho , en presencia del cardenal Ugolino de los Conti de Segni, protector y corrector de la fraternidad, Francisco había dicho que no quería adoptar estilos y dictamenes monásticos en cuanto al camino espiritual de sus frailes. El plazo de Navidad de 1223 le ofrecía una buena ocasión para replicar que no quería celebrar el misterio liturgico de la manera fría y despegada de las ceremonias oficiales, que implicaban poco al pueblo sea bien porque utilizaban el idioma latino en oraciones y cantes, que por la acción liturgica reservada de manera demasiado unilateral al clero celebrador.En este contexto se debe entender la admonición de Francisco a sus frailes clérigos “Digan el oficio con devoción delante de Dios no poniendo atención a la melodía de la voz ni acariciando las orejas del pueblo con la blandicia del canto” (7). No se debe olvidar el hecho de que es con Francisco de Asís, “ignorante e ileterato”, (8) que se empezan en Italia las laudes religiosas expresadas y cantadas en lenguaje vulgar. El nacimiento de una práctica de devoción laical cada vez más vigorosa con ritos y laudes propios del siglo XIII se debe al nuevo sentimiento popular de que Francisco se queda el promovedor más autorizado (9). El estilo atrayente de la representación no perturbaba necesariamente la devoción y con la solemnidad de la Navidad en Greccio, Francisco lo demostrará. Su primer biógrafo referirá: “El santo de Dios está de pie delante del pesebre, lleno de suspiros, de compasión, de regocijo admirable. Entonces, sobre el pesebre se celebra una misa solemne y el sacerdote obtiene una consolación muy singular. Francisco se viste de diácono, porque él era diácono y cantando el Evangelio con su voz sonora, irresistible, dulce y penetrante eleva a las personas presentes a premios sumos. Luego predica al pueblo y con palabras de miel vuelve a evocar el nacimiento del Rey en la pequeña Bethlehem. Al pronunciar Bethlehem imitaba el balido de la oveja, llenando su boca de voz mas también de cariño y cuando nominaba al “Niño de Bethlehem” o “Jesús” se lamía los labios con la lengua casi como si gustase y deglutise toda la dulzura de aquellas palabras” (10).

GRECCIO: UN “BELÉN” SIN RÉPLICAS

El “Belén de Greccio” nunca jamás replicado por Francisco, fue primariamente una misa solemne. Se yerra si se olvida eso y no se rende verdad al episodio y a su originaria transmisión literaria e iconográfica. Aquella petición al Papa para que aprobase su “belén” incluía ante todo que se pudiese celebrar la eucaristía solemne sobre un altar portátil, al aire libre, entonces fuera del lugar canónico del presbiterio de una iglesia o capilla (11). Aquella petición incluía también el aviso que él quería participar de diácono para contar el evangelio y comentarlo con su homilía según su estilo: más como un mimo o un juglar que como un clérigo cantor (12).. Francisco tenía conocimiento de que en cuanto diácono, se ponía como puente y mediador entre el sacerdote y el pueblo, formado de nobles y gente común (13). Pero la petición de la aprobación de lo que quería hacer era también una petición que favorecía la participación activa de la población de Greccio.El quería hacer del pueblo de “Greccio una nueva Bethlehem” como dirá su biógrafo Tomás de Celano. Más que volver a evocar el episodio, él quería volver a vivir el misterio. “Hombres y mujeres con el regocijo en el corazón se disputaban el privilegio de preparar cirros y hachas para aclarecer aquella noche fatídica cuando se encendió la Estrella que iluminó todos los dias y todos los años. Unos preparan el pesebre, otros traen el heno, otros piensan al buey y al burrito” (14). Los clérigos celebrantes, los hombres, las mujeres, los jovenes y los niños habían de ser “María”, “José” los “pastores” y los “reyes magos” en aquel belén viviente. De viva voz y por escrito Francisco había enseñado a todos los creyentes, siguiendo el pensamiento que atravesa el nuevo testamento (Mt 23, 37; Gal 4, 19) y la patrística (Origene), a ser “madres del Señor”: “Seamos madres suyas, cuando le traemos en el corazón y en nuestro cuerpo con el amor, y le generamos por santas obras “ (15).
Aquí se puede entrever la audaz imaginación pastoral de Francisco que le incitó a informar a Onorio III de la iniciativa, para defenderse de acusaciones de novedades liturgicas al limite de la anarquía. Para Bonaventura de Bagnoregio informar sobre la concesión liturgica del Papa era lo mismo que presentar a Francisco que quiere la presencia de los animales como si ésta fuese la razón principal de su petición. La fuente dice: “Para que el recuerdo solemne del nacimiento del niño Jesús no se enlazase al deseo de novedad, después de haber pedido y obtenido el permiso del Pontífice Sumo, mandó preparar el establo y traer heno, un buye y un burro” (16).

NAVIDAD COMO FIESTA DE LA FRATERNIDAD CÓSMICA

La “misa-belén” de Greccio había de ser señal liturgico festivo, diría una celebración de la fraternidad entendida por el hombre de Dios en el sentido más universal. Una fiesta en el nombre y a la presencia real de Él que María transformó de “Señor de la Majestad en nuestro Hermano” (17). La misa-belén de Greccio es la traducción liturgico-pastoral de una enseñanza fundamental de Francisco pastor del pueblo de Dios. “La noche hermanó en la delicia a hombres y animales”, escribió Tomás de Celano (18). La categoría de la “fraternidad cósmica en Jesús hermano primogénito de todas las creaturas” (Col 1,15) es la que permite que se considere salvadora y universal la figura de Francisco. Aún más que en el Cántico de fray Sol, en el belén de Greccio se vee la realización de tal fraternidad, pues en el Cántico los animales no se nominan y no están presentes sino indirectamente. Mientras que en la celebración de Greccio la “noche” aun, con el “paisaje” del valle de Rieti son “actores”. La selva se rellena de voces y las rocas imponentes resonan los coros festivos. Los frailes cantan laudes elegidas al Señor y la noche parece un sobresalto de alegría” (19). La fiesta de Francisco interesa de manera mesiánica el tiempo y el espacio, comprendidos y convividos en el Verbo nuevo creador del mundo y de la historia. De la alegría de la navidad todos: hombres, animales, muros habían de participar siempre : “un dia los frailes discutían juntos si se quedaba la obligación de no comer carne, ya que la Navidad aquel año caía en viernes (“¡dies Veneris!”). Francisco contestó a fray Morico: “Tú pecas hermano, porque llamas viernes el dia en que nació para nosotros el Niño. Quiero que en un dia como éste, los muros también coman carne y si eso no es posible, por lo menos se la extenda al externo. Quería que durante este dia los pobres y los mendicos fuesen saciados por los ricos y que se diese a los buyes y a los burros una ración de heno más abundante que de ordinario” (20). No se puede excluir que tal comportamiento hiperbólico de Francisco, promovedor de la “Pascha Nativitas” se dirigiese contra la devalorización agustiniana de la Navidad considerada celebración “non in sacramento” (como la “Pascha Resurrectionis”) sini sólo “in memoriam” (cumpleaños) (21). Cuando los hijos del Santo interpretarán el sentimiento natalicio de Francisco con categorías teológicas, el misterio de la encarnación será el “summum opus Dei”. La aprobación eclesiástica de Onorio III había legitimado no sólo la novedad liturgica natalicia exterior, sino también el soporte bíblico-teológico en que el “novus evangelista” Francisco, la había fundada. (22)

EL BELÉN DE GRECCIO EN RETROSPECTIVA

La índole muy afectiva y emotiva , heredada de los padres, permitía a Francisco de materializar más que posible las imagenes de fe. “Mens in carne patuit” (23) es la fórmula de Celano a propósito de la intensa participación, somática también, a los dolores del Redentor. Es la misma fórmula de piedad expresada en palabras idénticas que explica ya sea el apego por la eucaristía cotidiana como la voluntad de escenificar el nacimiento pobre del verbo. Respectivamente: “Del Altísimo hijo de Dios no veo nada corporalmente en este mundo sino el santísimo cuerpo y la sangre en el sacramento del altar” y “Querría representar al Niño nacido en Bethlhem, y ver de alguna manera con los ojos del cuerpo las incomodidades en que se halló cómo se le puso en un pesebre y cómo yacía sobre el heno entre el buye y el burrito” (24). Misterio de la encarnación y presencia eucarística coinciden: “Cada dia Nuestro Señor se humilia, como cuando de la sede real bajó al regazo de la Virgen; cada dia se presenta a nosotros con un aspecto humilde, cada dia baja desde el regazo del Padre hacia el altar en las manos del sacerdote “ (25). Valfrido Strabone, versado en liturgia había escrito (siglo IX), comentando las rúbricas del “Officium Pastorum”. “Se pone al cuerpo de Jesús en el pesebre, es decir sobre el altar” (26). Francisco podía conocer la imagen natalicio-eucarística gracias a la iconografía pintada y plástica de su época. Los historiógrafos de Francisco siguen discutiendo sobre la presencia o no de la figura plástica del Niño Jesús en Greccio. Teniendo en la mente el deseo de la visión de la hostia consagrada en la cultura eucarística de la época pensamos que no había la estatuíta. Escritores posteriores afirman que el mismo Francisco vio realmente al Niño Jesús que los primeros biógrafos describen claramente como existente sólo en la visión simbólica de Juan Velita, el amigo de Francisco encargado de preparar la escenografía de la misa solemne. (27). La visión del Niño que se despierta quería sólo hacer una síntesis del resultado de veinte años de apostolado evangélico en que y por que Francisco había vuelto a activar y generar en el corazón de la masa popular la fe en el Verbo Divino. Los historiógrafos concordan al considerar a Francisco de Asís él que como nadie hizo sentir al Cristo como contemporáneo a su generación (28).
Se ha reconocido unánimemente a Francisco de Asís un papel fundamental en el renacimiento del teatro religioso, del arte y de la piedad popular , al comienzo del segundo milenio, en Occidente (29). La contribución de Francisco a la renovación del clima cultural religioso durante el paso de la época feudal a la de los municipios, del clima bizantino/griego a él del Renacimiento/latino consiste en la adopción de la parábola del “descensus Dei” y a su preponderancia sobre la del “Ascensus Dei”. Ignorarlo es perder la llave para comprender un cambio fundamental. La liturgia cristiana que se inspira a la spiritualidad eremítica y monástica de la “fuga mundi” considera la Ascensión como la “Festa Dies”. ¡Fiesta de las fiestas! (30). Francisco de Asís propone una alternativa con que se puede optar por la Navidad: “Más que todas las otras solemnidades celebraba con atención particular la Navidad del Niño Jesús y llamaba Fiesta de las fiestas (“Festa dies”) el dia en que Dios, hecho niño, había tomado el pecho (31). Nadie nunca tuvo dudas sobre la ortodoxia del “vir catholicus et totus apostolicus” (Liturgia de 1 de octubre). En el Salmo para la Navidad Francisco aplica a la memoria liturgica de la Navidad la antífona que hoy todavía se adopta exclusivamente con la de la Resurrección-Ascención , construyendo un enlace entre el comienzo y el cumplimiento del único misterio/dia de la salvación inaugurado por el verbo encarnado, luz del mundo (Juan 8, 12): “Éste es un dia que hizo el Señor: exultemos y alegremonos en él” (Salmo 117, 24). En el mismo Salmo natalicio, Francisco muestra todavía el conocimiento de que el cuerpo asumido durante la Navidad es para el sacrificio del Viernes santo: “Ofrecedle vuestras vidas y llevad su santa cruz”. No ha que asombrar a nadie el hecho de que Francisco, en una oración para la Navidad, expone el sacrificio y la cruz. ¡El 25 de marzo, el dia de la celebración de la Concepción del Verbo, que daba el comienzo al calendario cristiano en uso en la Curia romana también, se definiba como el Dies mysteriorum! ¡Las calles de la Navidad del Mesías en Bethlhem no están menos manchadas de sangre inocente que las de su Muerte en Jerusalén! El misterio de la encarnación, como todos los misterios cristianos que son su comienzo, desarrollo y cumplimiento, no se debe celebrar y conmemorar como episodio del pasado, sino vivirlo en el hoy perenne del acontecimiento salvador.

PEDAGOGÌA Y GRACIA DEL “BELÉN FRANCISCANO”

Aunque nuestros belenes viventes o no vivientes, mecanicos o menos semejan sólo de lejos a él de Greccio, que se queda único en la historia de las celebraciones natalicias, sin embargo ellos pueden recordar a los que los visitan los valores religiosos, antropológicos y ecológicos que fuerono el motivo de la inicitiva liturgica-dramática natalicia de Francisco, “uno de los más grandes formadores del alma y del espiritu de la historia europea” (33).
PASQUALE MAGRO,ofm conv.

Notas al texto:
1- Escribe E. AUERBACH:”La importancia que tuvo la acción de San Francisco de Asís sobre la renovación de la fantasía y sobre el renacimiento de la intuición sensible, busqué demostrar yo también, como ya muchos otros, y los historiadores de la arte figurativa ya conocen la cosa desde mucho tiempo" (Studi su Dante, Milano 1971, p. 25).
2- TOMÁS DE CELANO, Vita prima di San Francesco d’Assisi (luego: I o II CELANO), en AA.VV. (al cuidado de), Fonti Francescane (luego: FF), Asís 1978, pp. 442 e 476.
3- BONAVENTURA DE BAGNOREGIO, Leggenda Maggiore (luego: LM), cap. X, 7; FF, p. 924. “Francisco, era un evangelizador de la verdad, hecho más fuerte por la autoridad apostólica del papa" (Leggenda dei tre compagni, 54; FF, p. 1106).
4- H. GRISAR, Archeologia del presepe a Roma (V-XVI siglo), en "Civiltà Cattolica”, 59 (1908) 702-9; AA. VV., palabra: Presepio, en “Enciclopedia Cattolica”, Ciudad del Vaticano, 1952, IV, 1971-3.
5- A. POTTHAST, Regesta Pontificum Romanorum, Berlin 1874, ad annum 1207 (8 gennaio), p. 253.
6- “Ad excitandam devotionem". Así, para Bonaventura, Francisco motiva la iniciativa de Greccio (LM, lugar citado). Escribe M. APOLLONIO: “Por influencia directa de la doctrina franciscana, más bien de Francisco de Asís, a quien están coligados los comienzos de la alabanza y la fundación del belén de Greccio, la preocupación de la dramaturgia vulgar fue menos de ilustración que de edificación " (palabra: Teatro, en “Enciclopedia Cattolica”, citada, XI, p. 1831?3).
7- SAN FRANCISCO, Lettera al capitologenerale, 6,52; FF, p. 166.
8- Aquì, 5,50; p. 165.
9- E. DELARUELLE, L’influenza di San Francesco sulla pietà popolare, en AA.VV., Atti del X Convegno Nazionale di Scienze storiche, Florencia 1955, pp. 449-466; R. MANSELLI, Il soprannaturale e la religione popolare nel Medioevo, Roma 1985, passim.
10- I CELANO 86; FF p. 478. Se vea A. MANCINI, Francesco nella lauda e nella sacra rappresentazione, en AA. VV., Il francescanesimo e il Teatro medievale, Atti del Convegno Nazionale di studi, San Miniato, 8-10 de octubre 1982, Castelfiorentino, 1984, pp. 135 y ss.
11- El privilegio pedido y concedido a Francisco para la Navidad de 1223 creará un precedente importante para la concesión del altar portatile en1227 (Gregorio IX, "Quia populares", Archivio del Sagrado Convento, Bulario, I/4).
12- Tomás de Spalato, testigo ocular y de oídas de Francisco predicador en Bolonia (1222), nota que Francisco no predicaba como los clérigos (FF, p. 1932). Mas se vea: B. LUISELLI, Omelia e dramma sacro, en AA.VV., Dimensini drammatiche della Liturgia medievale, (Atti del Convegno di Viterbo, 31.V-2.VI. 1976), Città di Castello 1977, pp. 217 y ss.
13- "Es mucho más significativo el hecho de que, en una concordancia singular de religión popular y religión culta, se haya considerado a San Francisco como el “alter Christus”, rumpiendo con eso todo y cualquier esquema hagiográfico precedente" (MANSELLI, Il soprannaturale, obra citada, p. 40).
14- I CELANO 85; FF, p. 478.
15- Letttera a tutti i fedeli, 9,53; FF, p. 155. Cf. H. RAHNER, “L’Ecclesiologia dei Padri”, Roma 1971, pp. 37, 15 y ss.
16- LM X, 7; FF p. 924.Es importante recordar que Bonaventura cuenta la misa-belén de Greccio en el capítulo sobre la oración ("De studio et virtute orationis"). Francisco tiene siempre presente, en oración con él, el mundo animal. Lo quiere Apocalipsis 5,13: “Que todas las creaturas que están en cielo y sobre la tierra y en la mar y en la profundidad de los abismos rendan a Dios gloria y honor y bendición " (Lettera a tutti i fedeli, 10,61; FF, p. 156; Lodi per ogni ora. 7; FF, p.179.
17- II CELANO, 198; FF, p. 711. En los escritos del Santo, la expresión más apasionada es para Jesús “hermano”. Se vea Lettera a tutti i fedeli, 9,56, donde “tener un tal hermano" merece ocho adjetivos: santo, querido, agradable, humilde, pacífico, dulce, amable y deseable sobre todas las cosas (FF, p. 155). El monaquimo benedictino, para el cual la liturgia era el"opus Dei" por excelencia y cuyo camino ascético se inspiraba a la"fuga mundi", tenía como fundamento la natura divina de Cristo y acentuaba su trascendente majestad y señoría. “En la Regla (benedictina) no se encuentra una sola vez la palabra ‘Jesús’ ( ... ). En san Benito nunca se presenta a Cristo como 'Jesús nuestro hermano', como se quiso hacer en épocas recientes. Los títulos que se le atribuyen muy a menudo son los de 'Dominus', luego de 'Cristo'” (Cf. J. LECLERCQ, La contemplazione di Cristo nel monachesimo medievale, Milano 1994, pp. 71-76).Se vea también P. MAGRO, Maria Dominum maiestatis fratrem nobis effecit. Il rapporto Francesco e Maria, in Tommaso da Celano, en AA.VV., Frate Tommaso da Celano storico e santo, (Atti di Convegno, 1994), Tagliacozzo 1995, pp. 104-105;
18- I CELANO 85; FF, p. 478 y aquí, 77; FF, p. 472. Escribe A. VETTORI: "La particularidad franciscana de indicar las creaturas liandolas a sí con un vínculo familiar subraya y, acaso por primera vez en la tradición cristiana, el recuperado estado de salvación realizado en ellas también por la Encarnación. La comunión con Cristo alcanzada por Francisco, 'alter Christus', es tal que le permite una visión de la naturaleza, más que en su pureza originaria, en la purificación realizada en ella por la redención cristiana" (L’armonia ricreata: le fonti bibliche del Cantico francescano, en "Annali di Storia dell'Esegesi", XI/1 (1994) 192-93).
19- I CELANO 85; FF, p. 478.
20- II CELANO 199; FF, p. 712.
21- A. BERGAMINI, Cristo Festa della Chiesa, Roma 19833, p. 344.
22- I CELANO 89; FF, p. 482
23- III CELANO, 2; FF, 739.
24- Respectivamente: Testamento, 12; FF, 131 e I CELANO 84; FF, p. 477.
25- Ammonizione I,16; FF, p. 138.
26- Glossa ordinaria, ad Lucam 2,7.
27- Se puede leer en una biografía de Francisco muy conocida: “Sobre la paja vacía, el beato Francisco vee un recién nacido blanco y frío como un muerto. Le coge , le apreta contra el corazón, le calienta con un derretimiento paterno y el niño se resiente, se ánima, abre los ojos, acaricia con sus manos pequeñas la cara exangüe de su pobrecito" (M. STICCO, San Francesco d'Assisi, Milano 196316, p. 256).
28- Cf. P. CODA-J. CASTELLANO CERVERA, La comprensione di Cristo nella Teologia e nella Spiritualità del Medioevo e dell’epoca moderna, en AA.VV., Gesù Cristo, Roma 1982, pp. 185ss.
29- Se vea, entre otras, E. ROSENTHAL, The crib of Greccio and Franciscan Realism, in "Art Bulletin", 36 (1954) 57ss; J.H. STUBBLEBINE, Assisi and the Rise of Vernacular Art, New York, 1985; G. HOLMES, Florence, Rome and the origins of the Renaissance, Oxford 1986, pp. 45-69 ("Religion: the Model of Francis of Assisi”).
30- J. LECLERCO, La liturgia e i paradossi cristiani, Milano 1967, p. 29.
31- II CELANO 199; FF, p. 711.
32- Salmo para la Navidad, 6; FF, p. 199.
33- M. SCHELER, Essenza e forme della Simpatia, Roma 1980, p. 15



 
 



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