espués
del capítulo general de Pentecostés de 1223
Francisco de Asís se dirigió a Papa Onorio III
pidiendole dos cosas. La respuesta afirmativa para ambas hará
la historia de la espiritualidad y religiosidad popular y
del arte del Occidente cristiano también (1). Antes
de todo presentó al Papa el texto definitivo de la
Regla que él había de aprobar, preparado durante
el dicho capítulo; una aprobación que se concederá
el 29 de Noviembre y que permitirá a Francisco y a
los frailes de obrar, además que con la gracia divina
con la autoridad del pontífice también. La segunda
petición concernía la aprobación de la
celebración solemne que Francisco “egregius artifex”
y “liber ingenio” (2) iba a poner en escena durante
el día de Navidad. Entre los biógrafos de Francisco,
sólo Bonaventura de Bagnoregio trasmite noticias de
la segunda (3).
ONORIO III APROBÓ EL “BELÉN” DE
GRECCIO
Si Francisco sintió la necesitad de informar
al Pontífice y de pedirle la aprobación para
la celebración de la Navidad que iba a hacer, eso quiere
decir que esta iniciativa no consistía sólo
en la representación de la escena de Navidad en el
sentido nuevo por completo de componer las figuras plásticas
de los protagonistas del episodio del Evangelio, como las
que se vieron en esculturas y pinturas, existentes desde el
paleocristiano.(4)
En 1207 Inocencio III había criticado las degeneraciones
en el drama liturgico del “Officium pastorum”,
denunciando la presencia de personas indignas , maneras y
estilos excesivamente teatrales (5). Críticas difundidas
que llegaban probablemente de los versados en liturgia y de
movimientos rigorístas, le habían estimulado
a intervenir. Mas a Francisco no le desagradaba traducir en
drama ni imagenes evangelicas ni rítos liturgicos;
a condición de que el espectáculo no mortificase
la devoción (6). En el capítulo sobredicho ,
en presencia del cardenal Ugolino de los Conti de Segni, protector
y corrector de la fraternidad, Francisco había dicho
que no quería adoptar estilos y dictamenes monásticos
en cuanto al camino espiritual de sus frailes. El plazo de
Navidad de 1223 le ofrecía una buena ocasión
para replicar que no quería celebrar el misterio liturgico
de la manera fría y despegada de las ceremonias oficiales,
que implicaban poco al pueblo sea bien porque utilizaban el
idioma latino en oraciones y cantes, que por la acción
liturgica reservada de manera demasiado unilateral al clero
celebrador.En este contexto se debe entender la admonición
de Francisco a sus frailes clérigos “Digan el
oficio con devoción delante de Dios no poniendo atención
a la melodía de la voz ni acariciando las orejas del
pueblo con la blandicia del canto” (7). No se debe olvidar
el hecho de que es con Francisco de Asís, “ignorante
e ileterato”, (8) que se empezan en Italia las laudes
religiosas expresadas y cantadas en lenguaje vulgar. El nacimiento
de una práctica de devoción laical cada vez
más vigorosa con ritos y laudes propios del siglo XIII
se debe al nuevo sentimiento popular de que Francisco se queda
el promovedor más autorizado (9). El estilo atrayente
de la representación no perturbaba necesariamente la
devoción y con la solemnidad de la Navidad en Greccio,
Francisco lo demostrará. Su primer biógrafo
referirá: “El santo de Dios está de pie
delante del pesebre, lleno de suspiros, de compasión,
de regocijo admirable. Entonces, sobre el pesebre se celebra
una misa solemne y el sacerdote obtiene una consolación
muy singular. Francisco se viste de diácono, porque
él era diácono y cantando el Evangelio con su
voz sonora, irresistible, dulce y penetrante eleva a las personas
presentes a premios sumos. Luego predica al pueblo y con palabras
de miel vuelve a evocar el nacimiento del Rey en la pequeña
Bethlehem. Al pronunciar Bethlehem imitaba el balido de la
oveja, llenando su boca de voz mas también de cariño
y cuando nominaba al “Niño de Bethlehem”
o “Jesús” se lamía los labios con
la lengua casi como si gustase y deglutise toda la dulzura
de aquellas palabras” (10).
GRECCIO: UN “BELÉN”
SIN RÉPLICAS
El “Belén de Greccio” nunca
jamás replicado por Francisco, fue primariamente una
misa solemne. Se yerra si se olvida eso y no se rende verdad
al episodio y a su originaria transmisión literaria
e iconográfica. Aquella petición al Papa para
que aprobase su “belén” incluía
ante todo que se pudiese celebrar la eucaristía solemne
sobre un altar portátil, al aire libre, entonces fuera
del lugar canónico del presbiterio de una iglesia o
capilla (11). Aquella petición incluía también
el aviso que él quería participar de diácono
para contar el evangelio y comentarlo con su homilía
según su estilo: más como un mimo o un juglar
que como un clérigo cantor (12).. Francisco tenía
conocimiento de que en cuanto diácono, se ponía
como puente y mediador entre el sacerdote y el pueblo, formado
de nobles y gente común (13). Pero la petición
de la aprobación de lo que quería hacer era
también una petición que favorecía la
participación activa de la población de Greccio.El
quería hacer del pueblo de “Greccio una nueva
Bethlehem” como dirá su biógrafo Tomás
de Celano. Más que volver a evocar el episodio, él
quería volver a vivir el misterio. “Hombres y
mujeres con el regocijo en el corazón se disputaban
el privilegio de preparar cirros y hachas para aclarecer aquella
noche fatídica cuando se encendió la Estrella
que iluminó todos los dias y todos los años.
Unos preparan el pesebre, otros traen el heno, otros piensan
al buey y al burrito” (14). Los clérigos celebrantes,
los hombres, las mujeres, los jovenes y los niños habían
de ser “María”, “José”
los “pastores” y los “reyes magos”
en aquel belén viviente. De viva voz y por escrito
Francisco había enseñado a todos los creyentes,
siguiendo el pensamiento que atravesa el nuevo testamento
(Mt 23, 37; Gal 4, 19) y la patrística (Origene), a
ser “madres del Señor”: “Seamos madres
suyas, cuando le traemos en el corazón y en nuestro
cuerpo con el amor, y le generamos por santas obras “
(15).
Aquí se puede entrever la audaz imaginación
pastoral de Francisco que le incitó a informar a Onorio
III de la iniciativa, para defenderse de acusaciones de novedades
liturgicas al limite de la anarquía. Para Bonaventura
de Bagnoregio informar sobre la concesión liturgica
del Papa era lo mismo que presentar a Francisco que quiere
la presencia de los animales como si ésta fuese la
razón principal de su petición. La fuente dice:
“Para que el recuerdo solemne del nacimiento del niño
Jesús no se enlazase al deseo de novedad, después
de haber pedido y obtenido el permiso del Pontífice
Sumo, mandó preparar el establo y traer heno, un buye
y un burro” (16).
NAVIDAD COMO FIESTA DE LA FRATERNIDAD
CÓSMICA
La “misa-belén” de Greccio
había de ser señal liturgico festivo, diría
una celebración de la fraternidad entendida por el
hombre de Dios en el sentido más universal. Una fiesta
en el nombre y a la presencia real de Él que María
transformó de “Señor de la Majestad en
nuestro Hermano” (17). La misa-belén de Greccio
es la traducción liturgico-pastoral de una enseñanza
fundamental de Francisco pastor del pueblo de Dios. “La
noche hermanó en la delicia a hombres y animales”,
escribió Tomás de Celano (18). La categoría
de la “fraternidad cósmica en Jesús hermano
primogénito de todas las creaturas” (Col 1,15)
es la que permite que se considere salvadora y universal la
figura de Francisco. Aún más que en el Cántico
de fray Sol, en el belén de Greccio se vee la realización
de tal fraternidad, pues en el Cántico los animales
no se nominan y no están presentes sino indirectamente.
Mientras que en la celebración de Greccio la “noche”
aun, con el “paisaje” del valle de Rieti son “actores”.
La selva se rellena de voces y las rocas imponentes resonan
los coros festivos. Los frailes cantan laudes elegidas al
Señor y la noche parece un sobresalto de alegría”
(19). La fiesta de Francisco interesa de manera mesiánica
el tiempo y el espacio, comprendidos y convividos en el Verbo
nuevo creador del mundo y de la historia. De la alegría
de la navidad todos: hombres, animales, muros habían
de participar siempre : “un dia los frailes discutían
juntos si se quedaba la obligación de no comer carne,
ya que la Navidad aquel año caía en viernes
(“¡dies Veneris!”). Francisco contestó
a fray Morico: “Tú pecas hermano, porque llamas
viernes el dia en que nació para nosotros el Niño.
Quiero que en un dia como éste, los muros también
coman carne y si eso no es posible, por lo menos se la extenda
al externo. Quería que durante este dia los pobres
y los mendicos fuesen saciados por los ricos y que se diese
a los buyes y a los burros una ración de heno más
abundante que de ordinario” (20). No se puede excluir
que tal comportamiento hiperbólico de Francisco, promovedor
de la “Pascha Nativitas” se dirigiese contra la
devalorización agustiniana de la Navidad considerada
celebración “non in sacramento” (como la
“Pascha Resurrectionis”) sini sólo “in
memoriam” (cumpleaños) (21). Cuando los hijos
del Santo interpretarán el sentimiento natalicio de
Francisco con categorías teológicas, el misterio
de la encarnación será el “summum opus
Dei”. La aprobación eclesiástica de Onorio
III había legitimado no sólo la novedad liturgica
natalicia exterior, sino también el soporte bíblico-teológico
en que el “novus evangelista” Francisco, la había
fundada. (22)
EL BELÉN DE GRECCIO EN RETROSPECTIVA
La índole muy afectiva y emotiva , heredada
de los padres, permitía a Francisco de materializar
más que posible las imagenes de fe. “Mens in
carne patuit” (23) es la fórmula de Celano a
propósito de la intensa participación, somática
también, a los dolores del Redentor. Es la misma fórmula
de piedad expresada en palabras idénticas que explica
ya sea el apego por la eucaristía cotidiana como la
voluntad de escenificar el nacimiento pobre del verbo. Respectivamente:
“Del Altísimo hijo de Dios no veo nada corporalmente
en este mundo sino el santísimo cuerpo y la sangre
en el sacramento del altar” y “Querría
representar al Niño nacido en Bethlhem, y ver de alguna
manera con los ojos del cuerpo las incomodidades en que se
halló cómo se le puso en un pesebre y cómo
yacía sobre el heno entre el buye y el burrito”
(24). Misterio de la encarnación y presencia eucarística
coinciden: “Cada dia Nuestro Señor se humilia,
como cuando de la sede real bajó al regazo de la Virgen;
cada dia se presenta a nosotros con un aspecto humilde, cada
dia baja desde el regazo del Padre hacia el altar en las manos
del sacerdote “ (25). Valfrido Strabone, versado en
liturgia había escrito (siglo IX), comentando las rúbricas
del “Officium Pastorum”. “Se pone al cuerpo
de Jesús en el pesebre, es decir sobre el altar”
(26). Francisco podía conocer la imagen natalicio-eucarística
gracias a la iconografía pintada y plástica
de su época. Los historiógrafos de Francisco
siguen discutiendo sobre la presencia o no de la figura plástica
del Niño Jesús en Greccio. Teniendo en la mente
el deseo de la visión de la hostia consagrada en la
cultura eucarística de la época pensamos que
no había la estatuíta. Escritores posteriores
afirman que el mismo Francisco vio realmente al Niño
Jesús que los primeros biógrafos describen claramente
como existente sólo en la visión simbólica
de Juan Velita, el amigo de Francisco encargado de preparar
la escenografía de la misa solemne. (27). La visión
del Niño que se despierta quería sólo
hacer una síntesis del resultado de veinte años
de apostolado evangélico en que y por que Francisco
había vuelto a activar y generar en el corazón
de la masa popular la fe en el Verbo Divino. Los historiógrafos
concordan al considerar a Francisco de Asís él
que como nadie hizo sentir al Cristo como contemporáneo
a su generación (28).
Se ha reconocido unánimemente a Francisco de Asís
un papel fundamental en el renacimiento del teatro religioso,
del arte y de la piedad popular , al comienzo del segundo
milenio, en Occidente (29). La contribución de Francisco
a la renovación del clima cultural religioso durante
el paso de la época feudal a la de los municipios,
del clima bizantino/griego a él del Renacimiento/latino
consiste en la adopción de la parábola del “descensus
Dei” y a su preponderancia sobre la del “Ascensus
Dei”. Ignorarlo es perder la llave para comprender un
cambio fundamental. La liturgia cristiana que se inspira a
la spiritualidad eremítica y monástica de la
“fuga mundi” considera la Ascensión como
la “Festa Dies”. ¡Fiesta de las fiestas!
(30). Francisco de Asís propone una alternativa con
que se puede optar por la Navidad: “Más que todas
las otras solemnidades celebraba con atención particular
la Navidad del Niño Jesús y llamaba Fiesta de
las fiestas (“Festa dies”) el dia en que Dios,
hecho niño, había tomado el pecho (31). Nadie
nunca tuvo dudas sobre la ortodoxia del “vir catholicus
et totus apostolicus” (Liturgia de 1 de octubre). En
el Salmo para la Navidad Francisco aplica a la memoria liturgica
de la Navidad la antífona que hoy todavía se
adopta exclusivamente con la de la Resurrección-Ascención
, construyendo un enlace entre el comienzo y el cumplimiento
del único misterio/dia de la salvación inaugurado
por el verbo encarnado, luz del mundo (Juan 8, 12): “Éste
es un dia que hizo el Señor: exultemos y alegremonos
en él” (Salmo 117, 24). En el mismo Salmo natalicio,
Francisco muestra todavía el conocimiento de que el
cuerpo asumido durante la Navidad es para el sacrificio del
Viernes santo: “Ofrecedle vuestras vidas y llevad su
santa cruz”. No ha que asombrar a nadie el hecho de
que Francisco, en una oración para la Navidad, expone
el sacrificio y la cruz. ¡El 25 de marzo, el dia de
la celebración de la Concepción del Verbo, que
daba el comienzo al calendario cristiano en uso en la Curia
romana también, se definiba como el Dies mysteriorum!
¡Las calles de la Navidad del Mesías en Bethlhem
no están menos manchadas de sangre inocente que las
de su Muerte en Jerusalén! El misterio de la encarnación,
como todos los misterios cristianos que son su comienzo, desarrollo
y cumplimiento, no se debe celebrar y conmemorar como episodio
del pasado, sino vivirlo en el hoy perenne del acontecimiento
salvador.
PEDAGOGÌA Y GRACIA DEL “BELÉN
FRANCISCANO”
Aunque nuestros belenes viventes o no vivientes,
mecanicos o menos semejan sólo de lejos a él
de Greccio, que se queda único en la historia de las
celebraciones natalicias, sin embargo ellos pueden recordar
a los que los visitan los valores religiosos, antropológicos
y ecológicos que fuerono el motivo de la inicitiva
liturgica-dramática natalicia de Francisco, “uno
de los más grandes formadores del alma y del espiritu
de la historia europea” (33).
PASQUALE MAGRO,ofm conv.
Notas al texto:
1- Escribe E. AUERBACH:”La importancia que tuvo la acción
de San Francisco de Asís sobre la renovación
de la fantasía y sobre el renacimiento de la intuición
sensible, busqué demostrar yo también, como
ya muchos otros, y los historiadores de la arte figurativa
ya conocen la cosa desde mucho tiempo" (Studi su Dante,
Milano 1971, p. 25).
2- TOMÁS DE CELANO, Vita prima di San Francesco d’Assisi
(luego: I o II CELANO), en AA.VV. (al cuidado de), Fonti Francescane
(luego: FF), Asís 1978, pp. 442 e 476.
3- BONAVENTURA DE BAGNOREGIO, Leggenda Maggiore (luego: LM),
cap. X, 7; FF, p. 924. “Francisco, era un evangelizador
de la verdad, hecho más fuerte por la autoridad apostólica
del papa" (Leggenda dei tre compagni, 54; FF, p. 1106).
4- H. GRISAR, Archeologia del presepe a Roma (V-XVI siglo),
en "Civiltà Cattolica”, 59 (1908) 702-9;
AA. VV., palabra: Presepio, en “Enciclopedia Cattolica”,
Ciudad del Vaticano, 1952, IV, 1971-3.
5- A. POTTHAST, Regesta Pontificum Romanorum, Berlin 1874,
ad annum 1207 (8 gennaio), p. 253.
6- “Ad excitandam devotionem". Así, para
Bonaventura, Francisco motiva la iniciativa de Greccio (LM,
lugar citado). Escribe M. APOLLONIO: “Por influencia
directa de la doctrina franciscana, más bien de Francisco
de Asís, a quien están coligados los comienzos
de la alabanza y la fundación del belén de Greccio,
la preocupación de la dramaturgia vulgar fue menos
de ilustración que de edificación " (palabra:
Teatro, en “Enciclopedia Cattolica”, citada, XI,
p. 1831?3).
7- SAN FRANCISCO, Lettera al capitologenerale, 6,52; FF, p.
166.
8- Aquì, 5,50; p. 165.
9- E. DELARUELLE, L’influenza di San Francesco sulla
pietà popolare, en AA.VV., Atti del X Convegno Nazionale
di Scienze storiche, Florencia 1955, pp. 449-466; R. MANSELLI,
Il soprannaturale e la religione popolare nel Medioevo, Roma
1985, passim.
10- I CELANO 86; FF p. 478. Se vea A. MANCINI, Francesco nella
lauda e nella sacra rappresentazione, en AA. VV., Il francescanesimo
e il Teatro medievale, Atti del Convegno Nazionale di studi,
San Miniato, 8-10 de octubre 1982, Castelfiorentino, 1984,
pp. 135 y ss.
11- El privilegio pedido y concedido a Francisco para la Navidad
de 1223 creará un precedente importante para la concesión
del altar portatile en1227 (Gregorio IX, "Quia populares",
Archivio del Sagrado Convento, Bulario, I/4).
12- Tomás de Spalato, testigo ocular y de oídas
de Francisco predicador en Bolonia (1222), nota que Francisco
no predicaba como los clérigos (FF, p. 1932). Mas se
vea: B. LUISELLI, Omelia e dramma sacro, en AA.VV., Dimensini
drammatiche della Liturgia medievale, (Atti del Convegno di
Viterbo, 31.V-2.VI. 1976), Città di Castello 1977,
pp. 217 y ss.
13- "Es mucho más significativo el hecho de que,
en una concordancia singular de religión popular y
religión culta, se haya considerado a San Francisco
como el “alter Christus”, rumpiendo con eso todo
y cualquier esquema hagiográfico precedente" (MANSELLI,
Il soprannaturale, obra citada, p. 40).
14- I CELANO 85; FF, p. 478.
15- Letttera a tutti i fedeli, 9,53; FF, p. 155. Cf. H. RAHNER,
“L’Ecclesiologia dei Padri”, Roma 1971,
pp. 37, 15 y ss.
16- LM X, 7; FF p. 924.Es importante recordar que Bonaventura
cuenta la misa-belén de Greccio en el capítulo
sobre la oración ("De studio et virtute orationis").
Francisco tiene siempre presente, en oración con él,
el mundo animal. Lo quiere Apocalipsis 5,13: “Que todas
las creaturas que están en cielo y sobre la tierra
y en la mar y en la profundidad de los abismos rendan a Dios
gloria y honor y bendición " (Lettera a tutti
i fedeli, 10,61; FF, p. 156; Lodi per ogni ora. 7; FF, p.179.
17- II CELANO, 198; FF, p. 711. En los escritos del Santo,
la expresión más apasionada es para Jesús
“hermano”. Se vea Lettera a tutti i fedeli, 9,56,
donde “tener un tal hermano" merece ocho adjetivos:
santo, querido, agradable, humilde, pacífico, dulce,
amable y deseable sobre todas las cosas (FF, p. 155). El monaquimo
benedictino, para el cual la liturgia era el"opus Dei"
por excelencia y cuyo camino ascético se inspiraba
a la"fuga mundi", tenía como fundamento la
natura divina de Cristo y acentuaba su trascendente majestad
y señoría. “En la Regla (benedictina)
no se encuentra una sola vez la palabra ‘Jesús’
( ... ). En san Benito nunca se presenta a Cristo como 'Jesús
nuestro hermano', como se quiso hacer en épocas recientes.
Los títulos que se le atribuyen muy a menudo son los
de 'Dominus', luego de 'Cristo'” (Cf. J. LECLERCQ, La
contemplazione di Cristo nel monachesimo medievale, Milano
1994, pp. 71-76).Se vea también P. MAGRO, Maria Dominum
maiestatis fratrem nobis effecit. Il rapporto Francesco e
Maria, in Tommaso da Celano, en AA.VV., Frate Tommaso da Celano
storico e santo, (Atti di Convegno, 1994), Tagliacozzo 1995,
pp. 104-105;
18- I CELANO 85; FF, p. 478 y aquí, 77; FF, p. 472.
Escribe A. VETTORI: "La particularidad franciscana de
indicar las creaturas liandolas a sí con un vínculo
familiar subraya y, acaso por primera vez en la tradición
cristiana, el recuperado estado de salvación realizado
en ellas también por la Encarnación. La comunión
con Cristo alcanzada por Francisco, 'alter Christus', es tal
que le permite una visión de la naturaleza, más
que en su pureza originaria, en la purificación realizada
en ella por la redención cristiana" (L’armonia
ricreata: le fonti bibliche del Cantico francescano, en "Annali
di Storia dell'Esegesi", XI/1 (1994) 192-93).
19- I CELANO 85; FF, p. 478.
20- II CELANO 199; FF, p. 712.
21- A. BERGAMINI, Cristo Festa della Chiesa, Roma 19833, p.
344.
22- I CELANO 89; FF, p. 482
23- III CELANO, 2; FF, 739.
24- Respectivamente: Testamento, 12; FF, 131 e I CELANO 84;
FF, p. 477.
25- Ammonizione I,16; FF, p. 138.
26- Glossa ordinaria, ad Lucam 2,7.
27- Se puede leer en una biografía de Francisco muy
conocida: “Sobre la paja vacía, el beato Francisco
vee un recién nacido blanco y frío como un muerto.
Le coge , le apreta contra el corazón, le calienta
con un derretimiento paterno y el niño se resiente,
se ánima, abre los ojos, acaricia con sus manos pequeñas
la cara exangüe de su pobrecito" (M. STICCO, San
Francesco d'Assisi, Milano 196316, p. 256).
28- Cf. P. CODA-J. CASTELLANO CERVERA, La comprensione di
Cristo nella Teologia e nella Spiritualità del Medioevo
e dell’epoca moderna, en AA.VV., Gesù Cristo,
Roma 1982, pp. 185ss.
29- Se vea, entre otras, E. ROSENTHAL, The crib of Greccio
and Franciscan Realism, in "Art Bulletin", 36 (1954)
57ss; J.H. STUBBLEBINE, Assisi and the Rise of Vernacular
Art, New York, 1985; G. HOLMES, Florence, Rome and the origins
of the Renaissance, Oxford 1986, pp. 45-69 ("Religion:
the Model of Francis of Assisi”).
30- J. LECLERCO, La liturgia e i paradossi cristiani, Milano
1967, p. 29.
31- II CELANO 199; FF, p. 711.
32- Salmo para la Navidad, 6; FF, p. 199.
33- M. SCHELER, Essenza e forme della Simpatia, Roma 1980,
p. 15